Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.

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Oración por el enfermo

Saturday, June 10, 2017

DAME TU MANO MARIA

Dame tu mano, María, la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla quiero ver si se retrata esa
lividez de plata, esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe ese llanto cristalino, 
y a la vera del camino permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe la orla negra de tu manto a 
los pies del árbol santo donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén: 
- No, mi Niño. 
No, no hay quien de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna entre las pajas de miel le 
acariciaban la piel sin despertarle. 
Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús muerto a Emmanuel.
¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que 
Gabriel desde el marco del dintel te saludó:
-Ave, María? 
Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí. Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario. 
Para ir al monte Calvario, cítame en Getsemaní.
A ti, doncella graciosa, hoy maestra de dolores, 
playa de los pecadores, nido en que el alma reposa. 
A ti, ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa. 
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.


 


Descubriendo el Siglo 21
Discovering 21century
Fr Tomás Del Valle-Reyes
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