Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.

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Oración por el enfermo

Saturday, June 10, 2017

Salmo 129 de David

Desde el profundo abismo de mis penas a Ti clamo, 
Señor, de noche y día; 
oye, mi Dios, los incesantes ruegos de un corazón contrito 
que se humilla.
Estén gratos y atentos tus oídos a mi voz lamentable y 
dolorida: a Ti mis ayes y gemidos lleguen pues a 
escucharlos tu piedad se inclina.
¿Si siempre airado tus divinos ojos sobre las culpas de los
hombres fijas, quién estará confiado en tu presencia, 
confundiéndonos sólo ante tu vista? 
Más la eterna palabra de tu seno que aplaque espero tus 
terribles iras; porque son inefables tus promesas y con 
tus gracias pecador invitas. 
Así aunque mi alma acongojada gime contemplando el 
rigor de tu justicia, por tu palabra la indulgencia espera, 
de que la hacen culpas tan indigna. 
¡Oh pueblo electo! De mañana y noche, en todos tus 
peligros y fatigas, acógete al Señor con la confianza 
que en su ley soberana nos intima. 
Porque es inagotable su clemencia; 
se muestra con los flacos compasiva; 
de todas sus miserias los redime, y siempre que le claman los auxilia. 
Este Dios abrevie el tiempo en que logre Israel su 
eterna dicha cuando de tus pecados la liberte, que 
con tanto rigor la tiranizan. 
Encomendémonos ahora a las almas del Purgatorio y
digamos: ¡Almas benditas! nosotros hemos rogado por vosotros que sois tan amadas de Dios y estáis seguras de no poderlo más perder: rogadle por nosotros miserables que estamos en peligro
de condenarnos para siempre. 
¡Dulce Jesús, dad descanso eterno a las benditas almas 

del Purgatorio!






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