Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.
Santísimo Justo Juez, hijo de Santa María, que mi cuerpo no se asombre,
ni mi sangre sea vertida. Donde quiera que vaya las manos de mi Señor
me sostengan.
Que mis enemigos tengan ojos y no me vean, si tienen armas no
me hieran, con injusticias no me prendan, que el manto con
el que fué Jesucristo envuelto, sea mi cuerpo cubierto,
para que no sea herido ni muerto, ni a la verguenza de la cárcel expuesto.
Por la intersección del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Rezar un Padre Nuestro, una Salve y un Credo.
Descubriendo el Siglo 21
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Fr Tomás Del Valle-Reyes
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¡Oh admirable y
esclarecido protector mío,
San Antonio de Padua!
Siempre he tenido grandísima
confianza en que me habéis de ayudar en todas mis necesidades,
rogando por mi al Señor a quien servisteis,
a la Virgen Santísima a quien amasteis y al
divino Niño Jesús que tantos favores os hizo.
Rogadles por mi, para que por vuestra poderosa
intercesión me concedan lo que pido.
¡Oh Glorioso San Antonio!
Pues las cosas perdidas son halladas por vuestra mediación
y obráis tantos prodigios con vuestros devotos;
yo os ruego y suplico me alcancéis de la
Divina Majestad el recobrar la gracia que he perdido por mis pecados,
y el favor que ahora deseo y pido, siendo para Gloria
de Dios y bien de mi alma.
Amén.
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TENGO MIEDO A DECIRTE QUE SÍ,
Señor,
porque... ¿a dónde me vas a llevar?...
Tengo miedo a arriesgarme,
a firmarte en "barbecho",
de darte un SÍ,
que genere una reacción de "sies" en cadena;
y sin embargo...
¡no tengo paz!
Tú me persigues, Señor, me acechas por todas partes.
Me aturdo con ruido porque temo oír tu voz;
pero Tú te infiltras en el silencio.
Me desvío del camino al verte, pero cuando llego al fondo del sendero,
¡ALLÍ ESTÁS TÚ!
¿Dónde podré esconderme si te encuentro siempre?
No, no hay modo de esquivarte.
... Pero, es que tengo miedo de decirte que SÍ, Señor.
Tengo miedo de alargarte la mano, porque la aferras en la tuya
Tengo miedo de encontrarme con tu mirada, porque me seducirás...
Tengo miedo de tus exigencias,
porque eres un Dios celoso...
Apuntas hacia mi, pero esquivo el blanco.
Me aprisionas, pero me resisto.
Y sigo combatiendo, sabiendo que estoy vencido.
Pero... es que, de veras, ¿se te puede resistir?...
Señor, para que llegue tu Reino y no el mío,
ayúdame a decir que SÍ.
Ayúdame a decir que SÍ,
para que se haga tu voluntad y no la mía.
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