Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.
Oh glorioso San Agustín, tu fuiste un hombre sensual atormentado
frecuentemente por los apetitos y deseos naturales.
Pero supiste encontrar tu camino hacia
Dios por medio del fuerte deseo de vivir una rica
vida espiritual y plena de sentido.
Ayúdame a ver las cosas como tu enseñaste, que
Dios esta presente en todos aquellos que con buena
voluntad le buscan y en todos los que le aman como El nos ama.
Ayúdame a ver a través de mis deseos de Dios y
ayúdame a ver el amor de Dios en todos mis deseos.
Te pido San Agustín, que me ayudes a encontrar a
Dios en todo lo que veo. Infunde en mi espíritu con
el deseo de conocer y amar a Dios con todo mi corazón.
Amén
Descubriendo el Siglo 21
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Fr Tomás Del Valle-Reyes
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San Lázaro, en el nombre de Dios, te pido San Lázaro bendito,
que
cuando angustiado te invoque, en mis horas de dolor y anhelo de caridad y protección.
Oh!, San Lázaro escúchame por favor. Bendito San Lázaro de Betania, amparo y sostén de María y Marta, a ti llamo, Oh! amado y siempre
vivo espíritu de gracia, con la misma Fe y amor que Jesús llamó a
la puerta del sepulcro, de donde saliste vivo y glorioso, después de haber estado por espacio de tres días consecutivos, tu cuerpo enterrado, sin haber
dado la más leve señal de impurezas o imperfección. Así también, yo hoy llamo a la puerta de tú Divino Espíritu, para que con la misma Fe que Dios infundió en ti, me concedas lo que te pido , invocando para ello el incomparable amor con que Dios te quiso premiar y resignación con que supiste soportar la vida material.
Amen.
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