Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.
Es algo lleno de ingenio que sirve para
partir el tiempo
en una enormidad de trozos pequeños, muy pequeños.
Es algo realmente útil, porque con sus dos agujas divide
las horas de alegría y las de abatimiento.
El dolor puede ser muy perjudicial, si no se vive bien.
El dolor es mágico, porque una hora puede
transformarse en sesenta minutos de aflicción o
en segundos de dicha.
Examinemos algunos relojes que han dado
la hora correctamente.
Algunos, al inicio, se retrasaron.
Pero después han funcionado con la fidelidad del cuarzo.
No podría valorar el precio de estos quilates...
Recuerdo el testimonio del doctor Vallejo-Nágera.
Le habían diagnosticado una úlcera de duodeno.
Le hicieron volver todos los lunes.
Después de una revisión más profunda, le dijeron:
-Tienes un cáncer de la cabeza del páncreas-.
-¿Es operable?
-Por la metástasis en el hígado no lo juzgamos conveniente.
-¿Y quimioterapia?
-Lo hemos consultado y no hay ninguna adecuada.
¿Entonces?
-Esto puede durar unos meses...
Podrás llevar una vida de cierta actividad en este tiempo.
Días después mandaron el expediente a Houston, para mayor tranquilidad.
No había nada que hacer.
Juan Antonio continúo su vida normal, pero en otra dimensión.
Hacía menos cosas, pero mejor, con más gravedad.
Un periodista y amigo suyo recogió el siguiente testimonio: “Religiosamente estaba un poco descuidado.
Tenía una buena formación, pero con una práctica moderada.
Y, sin embargo, sin ningún mérito por mi parte.
Al oír eso del cáncer me vino instantáneamente una gran serenidad y pensé: Dios mío, muchas gracias, me has mantenido hasta los sesenta y tres años con una vida sumamente agradable; he tenido ocasión de situar a mis hijos; ya está casada la menor; no me queda nada importante en la vida por resolver y has hecho el favor de avisarme”.
Otro reloj. Es el caso de “Lolo”.
¿Quién sabe si en unos años no lo invocaremos como San Lolo Garrido?
Su historia es muy luminosa.
A los 22 años, recién terminados sus estudios de magisterio, una enfermedad
comenzó a paralizar su cuerpo.
Sus días transcurrían en una silla de ruedas.
Le entró una fiebre literaria: leía libros y devoraba artículos.
Escribió: Cuando se le paralizó la mano derecha, aprendió a escribir con la izquierda.
Al perder incluso la sensibilidad en ésta, pidió que la amarraran una pluma a su mano insensible con una cuerdita.
Quería seguir escribiendo. Lolo no perdía el buen humor:
“Señor, ahí tienes mi pila de revistas.
Y si no te valen, que los ángeles las vendan como papel de envolver”.
Luego la enfermedad le llegó a los ojos.
Al quedar ciego, grababa sus libros.
En los últimos 10 años de su vida publicó nueve libros.
Su testimonio constituye un canto a la dignidad del dolor y del sufrimiento.
Estoy seguro que estas palabras le acompañaron en la cabecera de su lecho de dolor e iluminaban más su alma que las miradas de los visitantes.
Estas frases bien valen un marco o una estatua:
“¡Señor, líbrame de esta tentación de apreciar el tiempo de la enfermedad como un período estéril y sin valor! Una vida de enfermo no es una vida fracasada.
Aceptar mi enfermedad, ofreceros alegremente mi sufrimiento, esto no demanda más que un momento”.
La silla de ruedas, la cama.
El misterio de encontrarse con uno mismo.
El dolor, la enfermedad valen no tanto por lo que quitan, sino por lo que dan.
El dolor es un misterio, como la misma vida de las personas.
Nunca lograremos explicarnos totalmente a nosotros mismos, nunca nos comprenderemos.
La explicación del dolor, el porqué de la enfermedad, la incógnita del sufrimiento no es una respuesta abstracta. Yo sólo encuentro una: el amor.
No cabe duda de que la enfermedad y el sufrimiento siguen siendo un límite y una prueba para la mente humana, algo así como un tapón para el corazón.
Sin embargo, quienes lo han vivido han aumentado su estatura humana.
Todos sufrimos y de muy diversas maneras.
La enfermedad y las dolencias se compran en cualquier
rincón de nuestro mundo.
Uno sufrirá un infarto, otro un cáncer.
A alguna la nostalgia y el desaliento le enredarán entre sus telarañas.
Los que sigamos, nos haremos viejos.
Nos dolerá la espalda, perderemos la memoria...
Pero la paz y la vida están seguros.
Un Hombre ha roto la piedra del sepulcro y ha dado sentido a la vida.
Desde ese momento se han sincronizado todos los “relojes”.
Descubriendo el Siglo 21
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Fr Tomás Del Valle-Reyes
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¡Hola Señor! sé que estás ahí,
pues te he visto siempre en línea y hoy quiero chatear contigo, sé que a veces te dejo sin admisión, otras veces me pongo no disponible y casi siempre ausente para tí, pero yo se que tú siempre estás ahí conectado, con tu nombre en mayúsculas: DIOS ...
Sabes Señor, sé que conoces mis angustias, todos mis problemas y como no me vas a conocer si tú me creaste, si en tu pensamiento nací, no hay cosa oculta para tí, es por eso que reconozco que he sido una tonta (o) al querer pasar desapercibida (o) delante de tí, Perdóname Señor.
Hoy QUIERO CHATEAR CONTIGO DIOS, quiero escribirte que te quiero, que eres mi mejor amigo, darte los buenos días, cantarte una canción, extrañarte cuando no puedo verte, mandarte monitos que te hagan reír, escribirte mails y quizá contarte algo gracioso, sé que tú me aceptas así tal cual soy, sé que tú me amas antes de que yo te amara.
Ahora que me das de tu tiempo y puedo estar conectada contigo, quiero darte las GRACIAS por la vida que me diste, por la familia con la que me has bendecido, por mi trabajo, por la pareja que está a mi lado, por las risas de las alegrías y aún por las tristezas de las penas...por todo GRACIAS SEÑOR.
Tengo que seguir trabajando DIOS, pero a partir de hoy siempre te tendré en línea y antes que a nadie te daré los buenos días y al irme te diré, te veo en el camino o en casa porque se que Tú estás en todos lados.
Fue muy bonito poder chatear contigo pues tus respuestas todas llevan amor, llevan misericordia y la compasión de un Padre que está siempre con su hija (o).
Bueno SEÑOR, te dejo trabajar, sé que también lo haces aquí, estaré para lo que se te ofrezca, sé que a veces pides cosas que me cuestan pero jamás me pedirías cosas que no me ayuden.
Y si me llamas y no contesto mándame un zumbido para poder saber que eres Tú.
Tú eres el Amor más grande de mi corazón y de mi alma, Eres quien me levanta y quien me acompaña en el camino de estos momentos llamados vida...
Una cosita, Señor; déjame que te pida por todos los amigos maravillosos que he encontrado por este medio.
Se que Tú los has puesto en mi camino, en mi P.C. y me llena de felicidad encontrarlos cada día, aquí conmigo.
Bendícelos y consérvamelos como amigos míos y tuyos.
Con Dios...con ustedes...conmigo!!....todos juntos!
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Un ancianonito permanecía sentado en el pórtico de su casa,
demasiado viejo para trabajar en la finca, mientras su hijo y
el resto de la familia araban el campo para la siembra.
El hijo mira al anciano y piensa para sus adentros:
"Ya está muy viejo...
¡Todo lo que hace es comer y producirnos
gastos y molestias!
¿Qué nos puede aportar?
Lo mejor es salir ya de ese viejo estorboso."
Así pues, el hijo construye un cajón; lo
arrastra hasta el pórtico y ordena bruscamente a su padre:
"¡Padre, métete ahí dentro!"
Cuando el anciano, con paso vacilante, logra meterse
dentro de la caja, el hijo le coloca la tapa y la clava fuertemente; la monta sobre una carreta tira por dos bueyes y se encamina montaña arriba hasta un elevado peñasco.
Al llegar a la cumbre, el hijo oye unos golpes que lo llaman desde el interior de la caja y pregunta:
"¿Qué quieres, papá?"
La voz del padre responde desde el interior:
"Hijo, ya comprendo lo que estás haciendo conmigo; me vas a matar porque ya no te sirvo de nada... pero déjame darte como padre un último consejo:
-Te sugiero que me tires a mí por el despeñadero; pero conserva el cajón, porque muy probablemente tus hijos llegarán a necesitarlo dentro de unos años... "
Puedes tener muchas excusas para hacerlos a un lado,
pero hay que prestarles atención, ayuda, cariño,
en los años de vejez y durante sus enfermedades.
No podemos hacerlos a un lado, después de haber trabajado y de
cuidarnos, sus años de vejez deben ser dignos y sobretodo rodeados de amor.
La Biblia dice: Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. (Éxodo 20: 12)
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