Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.
Oh, Dios, dame serenidad para aceptar
las cosas que no se pueden cambiar,
el valor para cambiar las cosas que se pueden cambiar,
y la sabiduría para reconocer la diferencia.
Padre Tomas Del Valle-Reyes
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Por: S.S. Francisco
Señor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el
Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo
de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la
Magdalena del buscar la felicidad solamente en
una creatura;
hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.
Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos
y restituir la vista a los ciegos.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.
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Santa Elena,
tú que al abrir tu mente y
corazón a la luz del Evangelio y al encontrar
el madero de la Cruz te convertiste en modelo
de todas las virtudes cristianas, ayúdanos a
romper las ataduras del pecado y volver
a los brazos de Dios nuestro Padre.
Tú hallaste el tesoro que nos habla el Evangelio,
pues hallaste la Cruz de Cristo.
Haz que también nosotros hallemos ese tesoro:
CRISTO VIVIENTE EN NOSOTROS.
Que El nos llene de paz, de justicia y de amor,
en medio de nuestras tribulaciones y
que un día nos encontremos todos en el
Reino de los Cielos.
Amén.
Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria.
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Jesús, el saber que estás en el Sagrario, me hace pensar que si nos
amaste hasta dar tu vida por nosotros pues...
¡si que debemos de valer!.
Ante ti, Señor, pongo mis ojos en esa pequeña puerta,
que esconde la grandeza de un amor infinito como infinita
es tu bondad, infinita tu paciencia e infinita tu humildad.
¿Por qué, Señor?...
¿Por qué nos amas tanto?
No es posible saber de tu espera eterna en todos los
Sagrarios de este mundo, y no sentir la nada que somos,
lo poco que merecemos, el fardo que cargamos tan pesado de nuestros errores y faltas, de lo poco que valemos... pero ya ves, Jesús, el saber que estás ahí, me obliga a pensar que si valemos mucho, porque si nos amaste y nos amas hasta dar tu vida por nosotros pues...
¡si que debemos de valer!.
Y al pensar en esto me dan ganas de llorar por lo mal que te correspondemos, lo mezquinos y tacaños que somos para todo lo concerniente a tu sagrada persona....horas y horas ante la televisión, ante la "ventanita" de Internet, tardes enteras de cine, de café, de espectáculos, a veces con grandes sacrificios de filas y de dinero para verlos.... todo, todo lo damos, todo nos parece poco para asistir o lograr aquello que nos interesa y seduce....
Pero para ti, Señor, apenas y nos detenemos un instante ante tu figura de Dios hecho hombre muriendo en una cruz con los brazos abiertos para esperarnos y redimirnos....
¡Qué poco tiempo para ti, Señor!.
Los días trascurren... mañana, tarde y noche y vuelta a lo mismo... ni un pequeño rato, a veces ni un minuto para ti y cuando llega el domingo, que es el Día del Señor, tu Día, si es que nos late entramos a la Iglesia donde Tu estás, siempre esperando....
¡y que larga es la hora de la misa!.
miro el reloj uno y otra vez! y el sacerdote no termina......
Estamos empezando los cuarenta días que nos llevarán a desembocar en la Semana de los mayores tormentos que se le pueden infligir a un ser humano, pero aún peor a un Dios que por amor acepta libre y voluntariamente todo eso y más, hasta la muerte.
¿Nos paramos, en nuestro loco correr, para pensar un pequeño instante en esto?
¡Cómo desearías que esto ocurriera, Señor!
Quizá nunca nos confesamos de este desamor, de esta gran indiferencia....
Como un acto de desagravio, a tanta frialdad y olvido, recordamos el Salmo 50:
"Misericordia, Señor, hemos pecado."
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mi y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti solo pequé, Señor, haciendo a lo que a tus ojos era malo.
Crea en mi, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mi tu santo espíritu.
Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mi un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
Misericordia, Señor, hemos pecado"
Se que nos miras con ojos llenos de amor porque eres Padre y te damos un poco de pena al vernos tan vulnerables...
pero ese gran amor nos dará la fuerza que necesitamos para tratar de ser cada día un poco mejores y pensar también un poco más en ti.
Es todo lo que nos pides... es todo lo que deseas.
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