Las ciudades son lugares llenos de gente y vacíos de humanidad. Nos sentimos solos y deprimidos ante tanto edificio, tantos vehículos, tanto ruido, tanta soledad. Somos muchos pero estamos solos. Pero entre tanta soledad hay Alguien que camina junto a nosotros. Que nos escucha. Nos comprende. Nos ama. Siente nuestras soledades y depresiones. Alguien lo llamó PADRE y nos invitó a que le conversáramos, le contáramos nuestras angustias y nuestras penas para que se puedan convertir en alegrías y esperanzas. Te invito a que converses on nuestro Padre Dios de una forma distinta, poco convencional, la de rezar por la calle y no en el templo, la de sentir la alegría de vivir de cada día, la de conversar con Alguien que nos escucha y ama. Alguien que es Padre. Y Amigo. Y Compañero del Camino de la Vida.
Enséñame, oh Dios,
ese lenguaje silencioso que
lo dice todo.
Enseña a mi alma a permanecer
en silencio en tu presencia.
Que pueda adorarte en las
profundidades de mi ser
y esperar
todas las cosas de Ti,
sin pedirte nada más que
la ejecución de Tu voluntad.
Enséñame a permanecer
callado bajo Tu acción y
producir en mi alma
esa profunda
y sencilla oración que nada
dice y lo expresa todo.
Ora Tú en mí para que
mi oración tienda
siempre a Tu gloria y que mis deseos
estén siempre fijos en Ti.
Amen
Descubriendo el Siglo 21
Discovering 21century
Fr Tomás Del Valle-Reyes
P. O. BOX 1170
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Dame tu mano, María, la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla quiero ver si se retrata esa
lividez de plata, esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe ese llanto cristalino,
y a la vera del camino permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe la orla negra de tu manto a
los pies del árbol santo donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño.
No, no hay quien de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna entre las pajas de miel le
acariciaban la piel sin despertarle.
Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús muerto a Emmanuel.
¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que
Gabriel desde el marco del dintel te saludó:
-Ave, María?
Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí. Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario, cítame en Getsemaní.
A ti, doncella graciosa, hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores, nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.
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